Fracturas Problemáticas

Injertos óseos
Injertos óseos
Las fracturas problemáticas pueden necesitar aporte de hueso en condiciones más sanas, en forma de injertos vascularizados o injertos libres.

Las fracturas de los huesos, cuando no unen (también se denomina consolidación), suponen un problema que puede producir dolor y falta de movimiento en la mano. Cuando ocurren en la pierna o en el pie impiden la carga, que se vuelve dolorosa e imposible. El diagnóstico de ausencia de consolidación debe realizarse en función de qué hueso se trate. Las fracturas en huesos de la mano consolidan en aproximadamente 8 semanas, mientras que las de la pierna hasta 12 o 16 semanas.

Las fractura que no consolidan pueden tener diferentes problemas, entre los que se encuentran:

  1. Infección en el foco de fractura, normalmente favorecida en fracturas expuestas por contaminación bacteriana, o por la presencia desvitalizado (necrótico).
  2. Deficiente colocación de los fragmentos, por dificultosa técnica de reducción y múltiples fragmentos de pequeño tamaño.
  3. Alteraciones en el aporte nutricional al foco de fractura, como en caso de arterioesclerosis, o en caso de exposiciones muy amplias sobre fragmentos muy pequeños.

Cuando las fracturas no consolidan se requiere la revisión de su tratamiento, y se pueden incluir los siguientes aspectos: limpiar el foco de fractura, eliminando la carga bacteriana que se pueda encontrar en ella, así como los pequeños fragmentos que no tengan buen aporte nutricional, mejorar el aporte vascular reconstruyendo las arterias afectadas, planificar una nueva construcción rígida con placas y tornillos o favorecer la consolidación mediante el aporte de hueso sano procedente de otras partes del cuerpo.

Cuando es necesario aportar hueso sano, existen diferentes opciones de dónde extraerlo, como por ejemplo hueso de la cintura (cresta ilíaca), hueso de la muñeca (radio), hueso peroné, o hueso del fémur. En algunos casos muy concretos, incluso es necesario que esos segmentos de hueso lleven sus arterias y venas para poder añadir vascularización al foco de fractura.

Este tipo de intervenciones suelen realizarse bajo anestesia general en régimen de ingreso, con reposo relativo durante varios días hasta asegurar la madurez de las conexiones vasculares.

Pérdidas de Sustancia en Fracturas de Hueso Calcáneo

 Fracturas de hueso calcáneo y heridas complicadas
Las fracturas de hueso calcáneo suelen producirse en traumatismos de alta energía que añaden un problema a los tejidos blandos del pie, además dela propia fractura. Las fracturas de hueso calcáneo requieren en general de una intervención para corregir la angulación que de forma normal tiene este hueso. Además el hueso calcáneo articula con el astrágalo y con los huesos denominados cuñas y cuboides.

La alineación correcta del hueso calcáneo puede requerir de un abordaje abierto y fijación con placa y tornillos. El abordaje suele ser por vía lateral, y desafortunadamente, suele estar acompañado de bastantes problemas en la cicatrización.  Hay que identificar bien cuál es el problema de la falta de cicatrización, ya que estas lesiones de calcáneo también se pueden acompañar de una grave enucleación de astrágalo.

El fallo de la cicatrización y la exposición del material de osteosíntesis puede desembocar en la infección de la reconstrucción ósea con fracaso de la consolidación, perdiendo la alineación que se ha conseguido. En ciertas ocasiones es necesario plantear una reconstrucción de los tejidos blandos y la piel mediante el uso de injertos o colgajos pediculados.

Para su realización es imprescindible comprobar en primer lugar la presencia de una circulación correcta de la sangre. En este sentido, ya hemos insistido en la valoración de los pulsos periféricos en el pie, tanto en pacientes diabéticos como en pacientes traumáticos. Una vez asegurada la correcta vascularización, pueden plantearse diferentes estrategias reconstructivas para facilitar la cicatrización del abordaje de calcáneo.

En general, el recurso más utilizado es el colgajo sural, que se puede girar desde la parte posterior en la pierna con una pequeña incisión para aportar el tejido graso que la zona requiere. inmediatamente encima se puede colocar un injerto de piel o bien dejar que cierre por segunda intención. Esta intervención puede realizarse en régimen de media estancia, con anestesia de las piernas.